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Algunos comentarios sobre los recientes conflictos violentos en Cochabamba PDF Imprimir E-Mail

Theo Roncken, Acción Andina ( Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla ), Enero de 2007.

El Prefecto o gobernador departamental de Cochabamba, Bolivia, Manfred Reyes Villa, apodado Bombón por acercarse físicamente a un cierto perfil ideal de hombre apuesto, es recordado por la población local de la ciudad como el “alcalde de los parques”. En mi barrio Reyes Villa hizo remodelar, durante una de sus varias gestiones municipales, a un lindo pero poco frecuentado bosquecillo convirtiéndolo en un parque acuático, con columpios, un trencito y un cerco de malla olímpica. El niño mayor y el adulto pagan ahora sus dos pesitos de entrada para el mantenimiento. Sobre todo en los días domingo, este y otros parques de Cochabamba se encuentran repletos de familias que aprovechan la existencia de espacios de esparcimiento con un servicio de limpieza de la municipalidad; es lo que no tenía el pequeño bosque de antaño. Con el respaldo de obras como éstas, la habilidad política y el carisma personal de Reyes Villa le consiguieron entre la población citadina un respaldo político considerable; un respaldo que, sin embargo, no es incondicional debido a los estrechos vínculos de Bombón con las clases dominantes de Bolivia y el exterior que por siglos han saqueado a Bolivia. Existe un dicho popular que expresa muy bien esta ambigüedad: “Puede ser ladrón, pero al menos sabe trabajar”.

En diciembre del 2005, Bombón ganó en Cochabamba las primeras elecciones de prefectos departamentales de la historia boliviana, con un 47.6% de los votos contra un 43% de su adversario principal 1. Antes, estos cargos departamentales fueron designados de manera directa por el gobierno central. En estas elecciones, de las nueve prefecturas del país, solo tres (Chuquisaca, Oruro y Potosí) fueron conquistadas por representantes del Movimiento al Socialismo (MAS), partido liderado por el presidente Evo Morales. La candidatura de los seis restantes prefectos elegidos fue apoyada por partidos y agrupaciones que todos, en mayor o menor grado, se vinculan al sector que los representantes de movimientos populares del país suelen llamar: “la vieja partidocracia”.

De este modo el “gobierno de los movimientos sociales” se ha visto obligado a co-gobernar con varios lideres políticos regionales que durante el primer año de gobierno del MAS han ido reafirmando su oposición a la agenda de cambios profundos que Evo Morales ha prometido cumplir. Ya en una etapa temprana, los prefectos de los cuatro departamentos “orientales” (Beni, Pando, Santa Cruz y Tarija) crearon una alianza opositora alrededor de la promoción de una propuesta autonómica que se enmarca en el modelo de economía de mercado cuyo concepto de integración es el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas). Dicha alianza, llamada “Media Luna”, afianzó su postura combativa frente al gobierno a partir de la victoria del “Sí” en los cuatro departamentos mencionados, en el referéndum sobre autonomías del 2 de julio 2006.

En los demás departamentos ganó el “No” a la propuesta autonómica, que es criticada por sus rasgos separatistas. En Cochabamba el 64% de los votos del referéndum se expresó por el “No”. Los resultados del referéndum, que bien pudieron haber servido para impulsar un debate nacional de mayor profundidad sobre el tema (con la presencia de las múltiples visiones de país de los distintos actores políticos, en primer lugar los grupos indígenas de oriente y occidente), al contrario alimentaron la tendencia de confrontación entre dos grupos que en lo político se fueron polarizando como las posiciones “a favor” versus las que están “en contra” de la gestión gubernamental de Evo Morales.

En ambos lados de este conflicto ideológico, se percibe la existencia de temores que hacen aún más borrosas sus lecturas de la realidad. Mientras de un lado se suele hacer hincapié en un conjunto de señales que demostrarían la existencia de una estrategia autoritaria “chavista” del gobierno nacional, del otro lado se arguye con mucha facilidad y soltura la sospecha de una “mano negra” oligárquica detrás de las diversas expresiones de protesta social. Si bien ambas estas visiones polarizadas se sustentan en hechos que reflejan una parte de la realidad del país, su presencia dominante en el análisis de la coyuntura política excluye o margina a muchos actores, y es un factor que estorba la búsqueda de soluciones a las problemáticas que subyacen a la conflictividad. Vale la pregunta: “¿Quiénes se benefician con esta polarización? Antes de abordar este tema, les daremos un resumen de los recientes hechos de confrontación en la ciudad de Cochabamba y sus antecedentes más sobresalientes.

El pasado 4 de enero, grupos de campesinos de distintas partes del departamento se asentaron en la plaza 14 de Septiembre de la “capital valluna” (Cochabamba), frente al edificio principal de la prefectura. Esta ocupación pacífica de la plaza central de la ciudad, era una respuesta que ya fue anunciada en diciembre, luego de que Reyes Villa se expresó a favor del “proyecto autonómico cruceño” (el promovido por la Media Luna), comprometiéndose a la organización de un nuevo referéndum sobre este tema en Cochabamba, en un período de 60 días. La ampliación de la alianza de las cuatro prefecturas de la Media Luna con las fuerzas opositoras en Cochabamba y La Paz, ya se había formalizado el 18 de noviembre 2006, cuando los prefectos de los seis departamentos anunciaron “romper relaciones con el gobierno de Evo Morales, en rechazo del plan de censura contra los prefectos y la aprobación de la mayoría absoluta en la Asamblea Constituyente.” Con respecto al mencionado “plan de censura”, el presidente Morales sostuvo que “si no hay control del pueblo tal vez nuestras autoridades prefecturales o el propio gobierno podemos equivocarnos en toda medida". En un análisis de las confrontaciones violentas que luego ocurrirían en Cochabamba, la Red Andina de Información destaca la importancia de la falta de definición legal sobre esta temática: “En realidad, el conflicto actual es producto de la decisión para elegir democráticamente a los prefectos sin tener regulaciones y leyes generales que determinen medidas de control así como su interacción con el gobierno central y sus constituyentes regionales.” 3

El mes de diciembre inició con el registro de varios hechos de violencia, principalmente en Santa Cruz y La Paz, entre ellos ataques con arma de fuego a las oficinas de organizaciones que son conocidas por su apoyo a la nueva propuesta de redistribución de tierras, así como a la casa de uno de los promotores de la autonomía departamental. En este clima de creciente tensión, el 11 de diciembre los prefectos de la Media Luna anunciaron la creación de una Junta Autonómica Democrática, que establecería una autonomía de facto, en claro desconocimiento de la autoridad nacional. Ese mismo día el presidente Morales llamó a las Fuerzas Armadas de Bolivia a defender la unidad nacional, pero de manera paralela el ministro de la presidencia Juan Ramón Quintana visitó la zona oriental en busca de un diálogo. Es en este contexto que Reyes Villa se expresó a favor de la autonomía para Santa Cruz y promete la organización de un nuevo referéndum sobre esta propuesta en Cochabamba.

Para los movimientos populares del departamento, la propuesta de Reyes Villa cayó como un balde de agua fría. Cabe señalar que dichos movimientos no se constituyen en una unidad; en particular a partir de la elección de representantes en la Asamblea Constituyente se ha abierto un gran abismo entre el gobierno y aquellos sectores populares que luchan por una participación directa en la toma de decisiones, en vez de su participación a través de la estructura orgánica del MAS, que fue el único canal de acceso a la Constituyente que les facilitó el gobierno. La calle, sin embargo, es considerada por ellos como el escenario de la acción política directa, que les ha permitido influir de manera sustancial en la actual agenda política del país. “Si Evo es presidente, es gracias a estas luchas en la calle”, analizan.

De esta manera, si bien la toma de la plaza central de Cochabamba la iniciaron en buena parte los productores de la hoja de coca del Trópico de Cochabamba, ellos no fueron los únicos, y en la semana del 4 al 11 de enero se fueron sumando a la vigilia muchos sectores populares de campo y ciudad, con afiliaciones y orientaciones políticas bastante diversas. Es por ello que el presidente no mintió cuando dijo que la solución de este enfrentamiento tenía que pasar por un diálogo directo entre la Prefectura y los movimientos sociales. Si bien la voz de Morales pesa en las decisiones de algunos de estos movimientos, en particular entre los cocaleros de la zona tropical, no es necesariamente así en el conjunto de las organizaciones populares.

Mientras la vigilia se fue fortaleciendo en número de participantes y expandiendo su presencia hacia las avenidas alrededor de la plaza, una parte de la población citadina comenzó a expresar sus molestias con la situación. También comenzaron a visibilizarse más claramente las expresiones de una de las brechas comunicativas más profundas que han marcado la historia colonial del país: el racismo. El tema es grande y tiene muchos matices que requieren de una buena atención para ser abordado, pero lo que las reacciones de muchos de los actores, de campo y ciudad, fueron mostrando en aquellos días de tensión, es en buena parte el temor a lo desconocido, que de todas maneras es un importante pilar de las actitudes de racismo en todo el mundo. Citadinos con “aspecto camba” (oriundo del oriente de Bolivia) me comentaron del riesgo que sintieron haber tomado al cruzar la línea del “bloqueo de los indios campesinos”. En los hechos, el carácter de dicho bloqueo se encrudeció luego del intento infructífero de la Prefectura, el día 8 de enero, para desalojar a la fuerza a los vigilantes de la plaza. En vez del resultado aspirado, la acción policial más bien provocó una complicación del conflicto y tuvo por resultado la quema y el saqueo de una parte del edificio central de la prefectura.

El 11 de enero fue el día oscuro de este conflicto. Mientras el bloqueo de los sectores populares se había extendido desde la plaza central con más de cinco cuadras hacia el norte, en ese día se convocó, desde el lado norte de la ciudad, en donde en términos generales, residen los sectores más acomodados de la población, a una gran concentración de citadinos, en respuesta a los “cocaleros destructores y anti-democráticos”. Aunque varios participantes de dicha manifestación me explicaran luego que solo quisieron expresar su desagrado con la situación sin haber tenido intención alguna de recurrir a la violencia, el carácter de esta protesta fue dominada desde un principio por un sector mucho menos improvisado, cuyos representantes repartieron bates de baseball, palos de madera y otros instrumentos no coincidentes con el propósito de una marcha pacífica. Ese día murieron dos personas a causa de las violencias. Un campesino de la zona tropical fue asesinado por el impacto de una bala en el corazón. La Policía detuvo luego a tres manifestantes en posesión de armas de fuego, pero por orden del fiscal los mismos fueron liberados sin haber sido debidamente investigados. Un estudiante de 16 años fue secuestrado del hospital en donde le atendían por causa de cortes de machete, para ser colgado de un árbol. Otras escenas de las batallas que además de dos muertos también dejaron más de doscientos heridos, fueron igualmente horrendas.

¿Qué hizo Reyes Villa frente a esta situación? En vez de asumir las difíciles tareas que corresponden con su posición de líder departamental, hizo un llamado público al gobierno a “ordenar el retiro de su gente”, y viajó a La Paz para reunirse con los prefectos de la oposición, dejando plantado al ministro de la presidencia quien había viajado a Cochabamba en pos de encontrar una solución dialogada. Luego, fue a Santa Cruz en donde tomó “refugió” en oficinas del máximo representante de la iglesia católica, con el argumento que su retorno a Cochabamba podía ser utilizado por sus oponentes para hacerle firmar su renuncia como prefecto. En todo caso, nuestro Bombón decidió rehuir el diálogo directo con los movimientos populares 4, desconocer al consejo departamental y al mismo gobierno, y se abrochó la camisa de víctima de una conspiración contra los derechos humanos y la democracia. Con esa actitud dejó Santa Cruz para ir a quejarse en Washington DC ante todas las organizaciones de la comunidad internacional que quisieran recibirle (entre ellos, Human Rights Watch, el Inter American Dialogue y el Center for Justice and International Law 5). Para colmo, el Prefecto de La Paz, José Luís Paredes, también comenzó a replantear el tema del referéndum autonómico, provocando la inmediata reacción de varias organizaciones sociales de su departamento quienes le dieron un ultimátum de 48 horas para que dimita. En consecuencia, ya surgieron rumores de un posible “efecto dominó” que podría terminar de tumbar a otros gobernadores opositores.

Estas muestras de una postura sumamente irresponsable por parte de varias autoridades departamentales, solo dejan lugar a una interpretación: aquí se está jugando, con el as de la estabilidad política en la manga, un peligroso juego de póker que busca apelar a la intervención de organismos internacionales como la OEA y la ONU, en desmedro del camino de la construcción de soberanía en el país. En las semanas posteriores a las violencias, tanto Reyes Villa como el ex presidente Jorge “Tuto” Quiroga, han hecho grandes esfuerzos para pintar en el exterior a Bolivia como un país carente de suficiente “capacidad democrática” propia como para poder resolver los problemas internos, y con un gobierno cuya estrategia política probablemente lleve en el corto plazo a una guerra civil. Retomando la pregunta que nos hemos hecho con respecto a los posibles beneficiarios de un alto grado de polarización del ambiente político del país, tenemos aquí a una respuesta parcial: de una imagen de polarización (en el exterior) se benefician aquellos actores que creen que la solución del conflicto político del país deba pasar por la intervención decisiva de uno o más actores multilaterales.

En este sentido, los recientes sucesos violentos en Cochabamba podrían ser vistos como el resultado de una acción planificada estratégicamente. En su oposición al difícil proceso de cambio profundo que los sectores populares iniciaron, el proyecto de la Media Luna encontró en Manfred Reyes Villa la persona más presentable para un futuro reemplazo de Morales como presidente del país. Esta vez, Morales salió del jaque con una propuesta de instaurar un referéndum revocatorio para toda autoridad departamental y nacional elegida (incluyendo al Presidente de la República). Esta propuesta, que está claramente enmarcada en los principios del Estado de Derecho, fue rápidamente aceptada por “Tuto” Quiroga y otros representantes de la oposición (para su tratamiento en el marco del trabajo de la Asamblea Constituyente), por lo que logró momentáneamente bajar la tensión. Pero es obvio que con ello no se terminaron ni se disminuyeron las disputas por el poder de decisión política sobre el país, su gente y sus riquezas naturales.

Uno de los temas claves en este y futuros momentos de conflictividad en Bolivia, es la compleja relación entre el gobierno y las diversas organizaciones populares. Indudablemente, en el primer año de gestión gubernamental ha habido bastante tensión sobre lo que el investigador peruano y antiguo miembro de Acción Andina Róger Rumrrill ha llamado “la mejor carta de sobrevivencia del gobierno de Evo Morales: que mantenga una relación sólida, dinámica, viva y comprometida con las organizaciones populares, campesinos, indígenas, obreros, es decir, con aquellos que le llevaron al gobierno y le pueden ayudar a conquistar el poder.” 6 Otro tema de importancia que saltó a la vista durante los recientes conflictos en Cochabamba, es la casi ausencia de interlocutores que sean suficientemente convalidados por todas las partes (función que durante gobiernos anteriores a menudo cumplía la Iglesia Católica y la Defensoría del Pueblo). Con el fin de aportar a un proceso de fortalecimiento de ambos factores claves (la co-gestión entre el gobierno y los movimientos sociales, y la construcción de dinámicas válidas de interlocución), Acción Andina elaboró una propuesta de trabajo para la temática de Defensa y Seguridad y la prevención de los conflictos violentos. A solicitud, con gusto le enviaremos un ejemplar de dicha propuesta, la que buscamos ir madurando en coordinación con los principales actores sociales.

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Datos citados de: Bolivia’s Reforms: The Danger of New Conflicts. International Crisis Group, Latin America Briefing No. 13, 8 de enero 2007
6 prefectos rompen relaciones con Evo y crece protesta contra el MAS, El Potosí, 19 de Noviembre 2006
Social Movements Split on Governor Appointment; Governor Accepts Referéndum. Andean Information Network, 17 de Enero 2007 (la traducción de la cita del inglés al español es nuestra).
El periodista e investigador Wilson García Mérida comenta que: “El movimiento popular y sobre todo las organizaciones agrarias e indígenas de las 16 provincias de este Departamento, que venían exigiendo una cogestión campesina en la administración prefectural ante la forma excluyente, prebendal y corrupta con que Reyes Villa gobernaba desde la ciudad de Cochabamba (capital del Departamento), llegaron aquí para exigirle al Prefecto una rectificación de su política”. George Bush envió a Bolivia a su Embajador de la Limpieza Étnica, Datos y Análisis, 16 de enero 2007.
Manfred presenta sus denuncias en EEUU. Alerta sobre atentado a la democracia. Los Tiempos, 28 de enero 2007.
Correspondencia personal de Róger Rumrrill, 30 de enero 2007.

 
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