El concepto de Seguridad Humana enfatiza
los intereses y necesidades de la población y no los de las instituciones. Además,
se valora la importancia de todos los factores económicos, sociales,
culturales, ambientales y políticos que interfieren con dichos intereses y
necesidades, así como su necesaria interrelación. En todos los ámbitos, la
seguridad humana debe ser entendida como una combinación entre la capacidad
interna (de las personas, familias, poblaciones, etcétera) para crear
condiciones de vida satisfactorias por un lado, y por el otro la presión de
fuerzas externas sobre esa capacidad.
En contraste con ello, las propuestas y
políticas de seguridad que prevalecen en proyectos absolutistas, como por
ejemplo los vinculados a las Estrategias de Seguridad Nacional de los estados,
representan visiones sumamente estrechas, y comúnmente llevan a perseguir objetivos
muy parciales -como puede ser la erradicación de alguna fuente de inseguridad
-, y a menudo irrealistas -como, por ejemplo, la idea de poder construir "un
mundo sin drogas". Dichos proyectos se originan por regla en la imposición de
determinados intereses particulares sobre el bien común.
El área de trabajo sobre Seguridad Humana
busca en primer lugar aportar a una clara identificación de esos intereses
particulares, y de las consecuencias de su imposición sobre el bien común de
las comunidades de Bolivia y la Región
Andina. Las iniciativas de Acción Andina que nacen y son
promovidas a partir de diagnósticos y estudios, se dirigen a la toma de
conciencia y a la afirmación de posturas activas por parte de la población con
respecto a su situación y percepciones de seguridad (e inseguridad), sea en escenarios
locales (en donde en un lenguaje formal se suele hablar de "Seguridad
Ciudadana" o de "Seguridad Pública"), nacionales ("Defensa y Seguridad Nacional")
o internacionales ("Seguridad Hemisférica", "Seguridad Cooperativa", etcétera).
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