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Una lectura de las recientes elecciones municipales PDF Imprimir E-Mail

14 de Diciembre de 2004

Por Boliviapress/CEDIB

El domingo 5 de diciembre se celebraron en todo el país las elecciones municipales, cuya gran novedad era la participación de “agrupaciones ciudadanas” y “pueblos indígenas” de acuerdo a las nuevas normas constitucionales (ver boletín Nº 13, Noticia 4). Si bien los resultados oficiales completos recién se publicarán a fin de  mes, los resultados están suficientemente claros como para poder intentar un análisis.
 
Participación y comportamiento político

Los índices de participación/abstención fueron normales (una abstención ligeramente inferior al 40 %) y no aparecen elementos que justifiquen las triunfantes afirmaciones oficiales en términos de “triunfo de la democracia” ni de “gran madurez política” del pueblo boliviano. No olvidemos que el voto es obligatorio y que la Corte Electoral amenazó con sanciones que podían llegar a la anulación del registro electoral. Por tanto no hubo más que unas elecciones de rutina.

En cuanto al comportamiento de los diferentes partidos y agrupaciones durante la campaña, el comentario generalizado era el de siempre: en primer lugar un notable hastío de la población ante la propaganda abrumadora, repetitiva, demagógica y coincidente de casi todos los candidatos, dispuestos a prometer poco menos que la luna, y en segundo lugar un rechazo a la llamada “guerra sucia” de quienes, a falta de propuestas propias, se limitaban a descalificar a los contrincantes. El proceso mismo de la elección discurrió de manera correcta en casi todo el país, si bien la prensa ha publicado denuncias de fraude electoral en importantes capitales de provincia como Montero, Reyes, San Borja, Rurrenabaque y San Lorenzo. En dos municipios cruceños (Puerto Pailas y San Ignacio de Velasco) se llegó a producir una quema de ánforas como señal de protesta contra supuestos hechos de fraude. Pero en general nadie puede discutir la validez formal del proceso.
 
Agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas

Por el momento apenas se sabe de fórmulas electorales ganadoras que hayan sido presentadas por “pueblos indígenas” registrados como tales, lo que permite sospechar que quienes los registraron no representaban al pueblo en cuestión, es decir que padecían la misma enfermedad que viene aquejando a todo el sistema, que es la comprensión prebendal de la lucha política como una contienda por la obtención de pequeños espacios de poder. Esta mis­ma contaminación, pero mucho más grave y visible, se ha dado con las llamadas “agrupaciones ciudadanas” que, o bien sólo han servido para reciclar a políticos tradicionales (y viabilizar la división de los vie­jos partidos), o bien han expresado intentos de saltar fácilmente a la arena electoral sin ningún respaldo social, o bien ambas cosas. De hecho la Corte Electoral anuncia la anulación de la mayor parte de las agrupaciones registradas en el país, además de la multa a muchas de ellas por no haber alcanzado la mínima votación prevista por ley.

Es interesante analizar que en la mitad de las diez ciudades más importantes (las 9 capitales de departamento más El Alto (todavía no se cuenta con la información completa sobre los 328 municipios del país) triunfaron sendas agrupaciones ciudadanas, pero en todos los casos con un candidato de vieja procedencia partidaria: Alianza Siglo XXI en Santa Cruz (con Roberto Fernández, ex UCS); Ciudadanos Unidos en Cochabamba (con Gonzalo Terceros, ex MBL y ex NFR), Plan Progreso en El Alto (con José Luis Paredes, ex MIR), Alianza Social en Potosí  (con René Joaquino, ex Eje Pachacuti y ex PS) y la Agrupación Ciudadana San Felipe de Austria en Oruro (con Edgar Bazán, ex UCS), mientras la otra mitad mostraron como ganadores a partidos políticos: el MSM en La Paz (con Juan del Granado), el MIR en Tarija (con Oscar Montes), el MBL en Sucre (con Haydé Nava) y ADN en Trinidad (con Moisés Chiriqui) y en Cobija (con Paulo Bravo). Por lo demás ni en la forma de la campaña ni en el discurso se diferenciaron agrupaciones y partidos, la única diferencia estuvo en los recursos financieros que la Corte entregó a éstos y no a aquéllas.

Por tanto parecen acertadas las múltiples críticas publicadas a lo largo de la campaña en el sentido de que la innovación de las agrupaciones no ha cambiado prácticamente nada; se trata de remiendos nuevos en paños viejos (que diría el Evangelio), es decir que las agrupaciones se han integrado rápidamente al viejo y desacreditado sistema político que se encuentra en crisis terminal.
 
Las ciudades por la estabilidad, el campo por el cambio

Este es otro elemento digno de análisis. En las diez ciudades mencionadas los ganadores han sido alcaldes hasta hace muy poco, y en seis de ellas cuentan con la mayoría de los concejales y por tanto ni siquiera necesitan alianzas. Hay pues una clara tendencia a la estabilidad y no al cambio. En cambio los datos que llegan de los municipios rurales muestran la tendencia contraria, ya que son pocos los lugares donde se han consolidado la hegemonía de antiguas autoridades (salvo en aquellos municipios donde ya era hegemónico el MAS, que de todas maneras son los menos).
 
Pero cabe anotar que en beneficio de la “estabilidad” juega además el actual sistema de cómputo (el del cociente según la serie natural de los números) que claramente beneficia a los ganadores y perjudica a las minorías; así se explica que un 45 por ciento de votos garantice el 55 por ciento de concejales (caso de La Paz) o que el 65 % de votos garantice el 91 % de los concejales (caso de Potosí), o incluso que un 38 % de votos, cuando no hay un competidor cercano, pueda otorgar el 63 % de concejales (caso de Oruro).
 
Respeto a la “primera mayoría” y alianzas cuestionables

La norma legal establece que, cuando ningún candidato ha obtenido el 50 % de los votos, los concejales elegirán alcalde a uno de los dos primeros (y al cabo de un año podrán destituirlo para elegir a cualquiera). Sin embargo la mayoría de los candidatos se comprometieron durante la campaña a respetar la “primera mayoría” como si en eso consistiera el respeto a la voluntad popular (cosa discutible puesto que una primera mayoría relativa está constituida por una evidente minoría absoluta; problema que sólo se resolvería con una segunda vuelta); sin embargo ya hay dos municipios importantes en los que ese compromiso parece invalidarse ante la angurria de poder. En Santa Cruz el segundo (Percy Fernández) y el tercero (Oscar Vargas) se han aliado pública y formalmente contra el ganador Roberto Fernández, y de nada parecen servir las airadas protestas de éste, que acusa a sus defenestradores de representar una alianza de intereses empresariales. En Cochabamba el MAS, que quedó en segundo lugar, anuncia buscar el apoyo de los concejales sueltos de NFR y UCS para escamotearle la alcaldía al ganador Gonzalo Terceros (pese a que el candidato del MAS sigue afirmando que cumplirá su promesa de respetar la primera mayoría) por tratarse de un representante de Sánchez de Lozada. En uno y otro caso cabe prever serios problemas de inestabilidad en los próximos cinco años, problemas que serán mucho más graves en municipios pequeños donde el voto ha sido disperso.

Consecuencias y perspectivas políticas en el nivel nacional

El primer comentario que ha destacado toda la prensa es la visible quiebra de todos los partidos tradicionales vinculados con el actual modelo (MNR, MIR, NFR, UCS, ADN, MBL) que en el nivel nacional han obtenido votaciones bajísimas y han ganado pocas concejalías y muy pocas alcaldías. El MIR se consuela con su triunfo en Tarija y algunos municipios de provincias, el MBL hace lo mismo con Sucre, y la ADN con Trinidad y Cobija; sin embargo se trata de votaciones reducidas y con escaso impacto nacional. En el otro lado está el MAS, que evidentemente ha obtenido la mayor votación en el cómputo nacional (pese a que éste todavía no es oficial) y que se exhibe como el gran ganador, pero que en realidad ha avanzado muy poco en los municipios urbanos (con tres segundos lugares y sólo 13 concejales en las 10 ciudades capitales), y que por lo demás no está dando señales de un modo de hacer política que lo distinga nítidamente de los partidos quebrados.
 
Además no se debe olvidar que varias agrupaciones ciudadanas ganadoras (las de Cochabamba, Santa Cruz, Potosí, El Alto) y también algunos partidos ganadores (en Trinidad y Cobija, puede que incluso en Tarija y Sucre), tienen acuerdos más o menos explícitos con Tuto Quiroga, que es la figura de recambio de la derecha neoliberal y pro-norteamericana; y si sumamos los votos de todos estos sus eventuales aliados, aparece como una fuerza tan importante o más que la que dirige Evo Morales, lo cual permite predecir que para la Asamblea Constituyente, y mucho más para las elecciones del 2007, el voto nacional se podrá polarizar en esos dos sentidos. Al menos estas elecciones no permiten avizorar nuevas formas organizativas ni discursos innovadores, ni cuadros políticos regionales o locales que estén a la altura de los recientes movimientos sociales.
 
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